Facultad de Ciencias Sociales Bachillerato en Periodismo

  

 

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El curso de Estilos Especiales de Peridismo es impartido en la Universidad Latina de Costa Rica por el Profesor William Mora. 

 

Con este curso, el estudiante profundiza sus conocimientos sobre los géneros periodísticos, la noticia, el reportaje, la crónica y la entrevista como instrumentos esenciales del trabajo profesional en Periodismo.  Se adentra en la diversidad temática que se puede desarrollar con los diferentes géneros periodísticos, en los cuales se descubre que los temas nunca se acaban, nunca se esconden, nunca faltan... porque pueden ser todos los temas. Todo en un ambiente que replica la dinámica de una sala de redacción periodística escrita.

 

Semana a semana el profesor Mora, seleccionará los mejores trabajos creados en la sala de redacción para publicarlos en este sitio web.  

 

Los estudiantes son:

01-Campos Mora Jenny Vanessa

02-Chaves Rodríguez Vanessa

03-Echeverría Segnini Maria Krystal

04-Gonzalez barrantes Mauren Vanessa

05-Gonzalez Ilama Stephanie Maybeth

06-Guerrero Molina Angie

07-Jiménez Ramírez Gerald Alfredo

08-Madrigal Quiros Rebeca

09-Massis Guillen Diana

10-Monge Jiménez Jose Pablo

11-Songg Lee Maria José

12-Soto Chong Ericka

13-Villalobos Castrillo Wilberth Antonio

14-Cambronero Natasha

LO QUE EL “DIANA D” DEJÓ

 

Por Ericka Soto
Estudiante BPE 22

 

Con una servilleta que tomó del comedor se seca el sudor, primero de su frente y luego de su nariz. Mira hacia un adorno que cuelga en la puerta de la sala y trata de recordar lo que por mucho tiempo había intentado olvidar.


No fue fácil llegar hasta ahí. Antes de sentarnos nos sirvió café recién chorreado, porque no le gusta el sabor de plástico que le da el coffee maker, y una buena tajada de queque de zanahoria que preparó por la mañana.


-- Era un día como hoy, 20 de enero de 1984, una tarde de verano muy linda y hacía mucho calor -- recuerda Doña Mercedes Solano; quién aún miraba el adorno colgante de la puerta.


-- Me tiene más nerviosa esa cámara que hablar de esto -- dijo con risa temblorosa, mientras observaba de reojo al camarógrafo y mantenía sus manos entrelazadas y sudorosas.


Aunque en ese momento parecía ser una mujer débil e insegura, en la profundidad de sus ojos negros pude observar todo lo contrario.


Irradiaba ser una mujer de fuerte carácter, valiente, decidida y llena de fe. Irradiaba ser la mujer que de la noche a la mañana enviudó porque su marido fue uno de los 25 desaparecidos de la tripulación del barco “Diana D”,  suceso que, al día de hoy, no tiene explicación.


-- Benjamín presentía que algo iba a suceder porque una noche antes de irse sentó a todos los chiquillos en la sala y les dijo: “Si algo me pasara, yo no tengo plata para dejarles como herencia, pero quiero que recuerden que ustedes no dependen de mí…”

 

Benjamín Cabezas Bujó, padre de 5 hijos, todos menores de 12 años, se embarcó en el “Diana D” rumbo a Guatemala. Allá lo esperaban unos amigos con un carrito que le habían regalado.


-- Él a mi me lo dijo!!! - grita doña Mercedes exaltada ya por el recuerdo - Él me dijo que sentía miedo, mucho miedo, pero no sabía porqué… Baja su mirada y guarda silencio.

Habían pasado solo cuatro días. La mañana de aquel viernes Doña Mercedes estuvo muy inquieta, no podía dejar de pensar en las palabras de don Benjamín, por eso cuando iban a ser las tres de la tarde decidió llamar a Puerto Caldera, para confirmar la llegada del “Diana D”.


Fue ahí cuando entendió porqué don Benjamín, como si supiera lo que iba a pasar, le dijo una y ortra vez que ellos no dependían de él sino de Dios.


--Ese día por la noche, a solas en mi cuarto, tuve que vivir lo que Benjamín por tantos años me había enseñado. Era el momento de comenzar a confiar en Dios, un dios que todavía no conocía.


Los días pasaron y nadie sabía dónde estaba el “Diana D”. Los gobiernos de México, Guatemala y Costa Rica cerraron el caso solo un mes después de la desaparición del barco pues en sus investigaciones concluyeron que el Diana D había naufragado.


--Pero eso es mentira - dice Doña Mercedes - yo recibí dos llamadas de Benjamín, una al mes y la otra a los 3 meses de desaparecido.


-- ¿Doña Mercedes y qué le dijo? ¿Qué hablaron?


-- No recuerdo Ericka... Cuando tengo una emoción muy fuerte me desmayo y eso me pasó las dos veces que escuché su voz… solo sé que el barco fue secuestrado en el mar de Nicaragua por asuntos militares. Ese fue el rumor desde el principio, pero nadie podía hablar ni preguntar del tema.


Doña Mercedes, ahora más relajada cuenta, que hace 10 años, en Nicaragua, Dios envió a un hombre al lugar donde ella estaba compartiendo de la Biblia y de su experiencia.       

 

-- Estaba vestido todo de blanco, como de traje militar.  Se tiró de rodillas a mis pies y llorando me suplicó que lo perdonara, porque él era uno de los secuestradores del “Diana D”.

 

-- Doña Mercedes se vuelve a desmayar.


Hoy desde su hogar, en la Aurora de Heredia, sabe que su esposo murió tres meses después de su desaparición y afirma que sin la ayuda de Dios nunca hubiera podido sola sacar adelante a sus 5 hijos.  Recuerda que "aunque fue difícil aceptar lo que sucedió, su recompensa es verlos a todos profesionales y con familia".

DE TORMENTA A DEPRESIÓN TROPICAL

 

EJEMPLO DE CRÓNICA

EL TIEMPO, Agosto 15 de 1993

 

Se lleva el dedo índice al oído derecho y busca el apoyo de

Luis Báez, periodista de Prensa Latina, que lo acompaña en la mesa.

 --Perdona, pero no escucho bien --le dice al periodista de El Universal, que ha comenzado la rueda de prensa en la hervorosa capilla de la Casa de Huéspedes de Cartagena-- ¿Puedes hablar un poquito más despacio?

 

Hay una reacción primaria en el grupo de personas que han cruzado la base naval Almirante Padilla para hacerle 20 preguntas (no más), a Fidel Castro. No oye bien. Si se tiene en cuenta que ha sido un poco corto de vista (en principio, oftalmológicamente hablando), se afianza la impresión que ha captado todo el mundo: Castro ya no es el mismo de antes.

 

Y es que desde que baja del CU-T 1284, el avión de Cubana de Aviación, se percibe a un hombre cansado. Cuando habla, la voz se le interrumpe, de repente, y es como si en vez de aspirar el aire se lo tragara. Nada que ver, se piensa, con el Fidel de otras épocas, como el de 1986, cuando en el Tercer Congreso del Partido Comunista, regañó a sus compatriotas en un discurso que duró cinco horas y cuarenta minutos.

 

--¿Qué quieren --dice un periodista cartagenero, en un comentario desprevenido--, que baile cha cha chá? Es un hombre de 67 años, cuadro. Se porta como tal.

 

Sesenta y siete. Los cumplió hace dos días (algunos biógrafos dicen que nació en 1926, pero él no se baja del 27, el mismo año en que nació Marilyn Monroe, signo Leo). Sólo que más allá de la guillotina cronológica, el Castro de ahora es un hombre en el que se retrata la situación del pueblo cubano, golpeado por el bloqueo económico.

 

El debilitamiento es moral. 

 

¿Cuánto cuesta?

 

Pero él no quiere dar esa imagen. La rueda de prensa que comienza --a él le encantan, se ha convertido en un maestro al enfrentarse a los medios de comunicación electrónicos, donde puede desarrollar sus dotes de actor-- se encarga de confirmarlo.  

 

En realidad, por más vueltas que se le dé, aquí sólo interesan dos cosas: cuándo se va a ir de Cuba y si vino a Colombia a lanzar un mensaje frentero a la guerrilla para que interrumpa su actividad demente.

 

No más. Lo del combustible de los aviones (¿cuánto le cuesta al gobierno colombiano?), lo del número de escoltas --unos hombres impermeables y severos, que se pasean por la ciudad con un escudito rojo en la camisa (¿cuánto le cuestan al gobierno colombiano?) y el daño que este gesto puede hacerle a la imagen de Colombia-- sobretodo en Estados Unidos (¿cuánto le cuesta al

gobierno colombiano?), todo esto se podría paliar, si Castro respondiera los dos interrogantes.

 

Para algunos conocedores del tema, y de Castro, es ahí donde comienza la ingenuidad. Castro, en el fondo, dicen, no ha cambiado. La rueda de prensa transcurre --con respuestas extensas y cautivantes sobre temas generales y contestaciones lacónicas sobre lo que no le gusta--, y el calor es sofocante, como el discurso del comandante (así se le dirigen también todos los periodistas “Buenos días, comandante”).

 

Suena extraño en este mundo de mercado escuchar conceptos como imperialismo, neocolonialismo, burguesía (son palabras- dinosaurios que la Caída del Muro y la disolución de la Unión Soviética sacaron de la historia).

 

“Curiosamente --señalaba Tad Szulc, en 1986, en su biografía de Castro, la más completa--, este hombre de una audacia y una imaginación asombrosas, no exentas de romanticismo, esta permitiendo --u obligando-- a su amado experimento social y humano a encerrarse en una ortodoxia ideológica obsoleta y en una paralizante burocratización”.

 

Y agregaba: “sus andanadas contra las tendencias ‘burguesas’ resultan extrañamente anticuadas, por no decir casi caricaturescas, en un mundo que tanto ha cambiado desde que tales expresiones estaban en boga”.

 

¿Venceremos?

 

El discurso no ha cambiado (Castro tampoco). El bloqueo lo ha obligado a afianzarse en su lema “Patria o muerte”. Sólo que ahora, ya no puede gritar con la misma confianza de antes “Venceremos”.  

 

“Esperamos resistir todo el tiempo que sea necesario”, dice. Pero no más. Entonces llega la pregunta de la guerrilla. “Prefiero que tú repitas más despacio y más claro para escucharte bien”, le dice al periodista. Pero no hace el guiño, sino que reconoce su colaboración del pasado (“las acusaciones son concretas, no te lo puedo negar”), y no se compromete con el presente.

 

Argumenta que no se puede meter en asuntos internos. Y que no se puede convertir en juez. Sólo que, como le dijo a RCN en el Club de Pesca, descalifica la lucha armada. “Los tiempos han cambiado: no se puede llegar al socialismo por las armas sino por medios legítimos”.

 

El socialismo. Es su propósito irreductible. La mayor parte de la rueda la dedica a contar (con recurrencia a las cifras y a los datos que son ejercicio para su memoria) la historia del capitalismo. Inventa, para la política, la teoría de hombre que ve pasar el cadáver de su enemigo. “El cadáver del capitalismo pasó muchas veces por el frente de la casa”.

 

No se va, no descalifica directamente a la guerrilla (algunos hablan hasta de que ese era un gesto de cortesía con Gaviria) y cree en el socialismo. Testarudo. Terco. Eso le dice un periodista.

 

“Si terco significa defender los principios --responde Castro--, si la terquedad quiere decir eso, seguiré siendo terco”.

 

Nada nuevo

 

¿Quién es Fidel Castro a la edad de sesenta años?

 

La pregunta se la formulaba Tad Szulc, en su libro, en 1986. Y la respuesta hoy, siete años después, es la misma porque él es el mismo.

 

En un mundo que habla otro lenguaje, Fidel Castro se mueve entre dos ideas: la lealtad y la traición. Ambas están referidas al modelo de vida que propuso a los cubanos hace 34 años. Por eso, sus expresiones más reiteradas están dirigidas a jamás aceptarse como un ‘traidor’, como un ‘tránsfuga’. 

 

“Y también aprendió --escribe Szulc respecto a los años escolares de Castro-- que para sobrevivir hay que ser absoluta e inexorablemente inflexible”. Quienes practican la filosofía que se respira hoy en el mundo –la de la adaptación a los cambios y la volubilidad (es mejor la palmera que se dobla cuando pasa el viento que la que se mantiene firme) encuentran el principio cavernario.

 

Por eso no se puede hablar con él. Es decir, cuando hablar es aceptar la opinión del otro. Castro jamás aceptará lo que le propone el mundo. Y mucho menos en otros términos que los que él conoce (a veces parece que sólo habla para sí mismo). Tiene raíces fuertes en su ancestro gallego y en la testarudez que exhibe desde las épocas vividas en la finca de su padre y las escuelas en Santiago.

 

Se apoya en sus hechos: educación, salud. Reconoce la penuria de ahora, el sacrificio del pueblo cubano “pero no se ha cerrado una sola escuela, un hospital”. Es el discurso de siempre.

 

La sensación que queda al terminar la rueda de prensa --los periodistas lo aplauden y muchos pasan a estrechar su mano-- es que esas palabras ya se habían oído. Que no hay nada nuevo. No lo habrá. Sólo que quien habla no tiene voz de vencedor.

 

Todos salen y la brisa refresca y el sol es ardiente. El mar está tranquilo. La amenaza de Bret agoniza en otra playa. La tormenta se convirtió en depresión tropical.

TENTADO AL PELIGRO


Por María Krystal Echeverría Segnini

Estudiante BPE 22


El calor era insoportable. Las vagonetas entraban y salían, cargaban piedra, tierra y arena.

A la izquierda el sol, reflejaba su silueta en las montañas rocosas. 

Màs de 15 choferews esperaban ansiosos por cargar nuevo material para luego llevarlo a sus lugares de destino, Así es como empieza el día en el Tajo El Común, ubicado en Guachipelín de Escazú. 

Al llegar al lugar, el guardia de seguridad me pregunta: -¿A quièn busca?-

Hago una llamada, avisando que ya estoy en la entrada. 

Mi contacto me responde con un –OK…Ya llego- 

Minutos después logré ver aquel pick-up blanco. El guardia apuntó mis datos personales y me dijo, -Puede pasar- enseñando aquella ametralladora negra que denotaba precaución. 

Durante el trayecto, lo único que pude observar eran grandes montañas rocosas, un camino de lastre y nubes de polvo que impedían ver con claridad. 

Al estacionar el carro se bajó aquel muchacho pequeño, delgado y con una expresión de nerviosismo en su cara. Vestía una camisa anaranjada con el nombre de Exploinsa, además de su gorra y anteojos oscuros. Accesorios que no pueden faltar, para protegerse del sol. 

Su nombre es Aldo Cavallini un tècnico en explosivos. 

-Buenos Días, Krystal, él es mi compañero de trabajo Carlos- dijo con una voz un poco temblorosa. Estreché su mano y dije –Mucho gusto Carlos-

-Bueno eh… que le parece si vamos al àrea de trabajo-  

Asentì y caminé a su lado, el sol encandilaba nuestras caras y no me permitìa ver con claridad lo que estaba lejos… 

-Como puede ver, estamos rodeados de montañas de roca y a 300 metros pasa el Río Virilla, relativamente este es un tajo pequeño. 

Alrededor nuestro, se encontraba un tractor que no paraba de ir de un lado a otro recogiendo las piedras que habìan sido detonadas. Las vagonetas estaban estacionadas una al lado de la otra y sus choferes, se encontraban tertuliando para ¨matar el tiempo¨. 

-¿Còmo hacen ustedes para evitar que estas montañas se derrumben?-

-Diay lo que se hace es que, ¿ve aquel camiòn que tiene como unas escaleritas?.

Asentì y procediò –Bueno. Se llama la quebradora y lo que hace es que, forma como unas gradas en las montañas para que estèn a desnivel, impidiendo asì que se derrumben. 

-La verdad es que ya me està agarrando tarde para hacer la próxima detonación, ¡Venga para que la vea!- 

Al llegar a la cima de una loma, se dirige hacia una bodega. Pero antes indicó que tenía que apagar mi celular. 

-¿Usted ha visto en las gasolineras cuando dicen que se debe apagar el celular?. 

-Pues acá lo tiene que apagar tambièn porque sino, cuando yo traiga los explosivos pueden explotar. 

Se marchò apresuradamente, abrió la bodega y trajo consigo una bolsa de 25 kilos, más 2 cables. Eran los explosivos… 

A 25 metros del lugar se observaba una enorme perforación. Caminamos en dirección a él, de cerca parecía un abismo. 

-Tiene 8 metros de profundidad. Ahora, lo que voy a hacer es unir la dinamita con este cable e introducirlo en el hoyo. 

Una vez depositada la dinamita, extendió el cable y respondió: -¡Ahora sì, está todo listo!... 

-¡Por favor aléjese lo más que pueda!. 

Tres segundos después oprimió el pequeño botón rojo, le piso se movió repentinamente y luego ¡Boooommmm!!!!

El escenario parecía un montaje de película… 

Aquel sonido perduró por milésimas de segundos… El retumbo, era parecido al de un trueno. Cuyo eco se escucha a kilómetros de distancia. 

El suelo se levantó formando una enorme nube de polvo… Expulsando gases y sedimento, como un volcán en erupción. 

Al terminar la detonación una sonrisa de satisfacción iluminó el rostro de Aldo, dando la impresión que en realidad ama su trabajo. Sin pensar que cada día, corre el riesgo de perder su vida… 

-La verdad a mí ya no me da tanto miedo como antes. Si tengo que perder la vida acá. En mi trabajo, será la voluntad de Dios…


CENTINELAS NOCTURNOS

Por Stephanie González Ilama
Estudiante BPE 22

Un hombre salta como libre para esconderse detrás de las latas, sus piernas están entrenadas para esquivar  gradas y huecos. De pronto  los halógenos incandescentes despiertan  a los vecinos, son la 12 media noche. 

En la gradas tres hombres están tertuliando, compartiendo  una cerveza y  un tubito de metal en la boca,  de inmediato se levantan las camisas.

—Hermano no hay naa— Román Cortés no les cree  y se baja de la patrulla.

--Esteban vamos a revisarlos—

La pared es el soporte para verificar si  portan alguna arma, cuchillo o droga, Román le quita el tubito de metal, la calle  silenciosa, los vecinos de las Gradas de Cristo Rey duermen.

Pero no todos están en sus camas, un niño esta sentado en la acera, su mira es vidriosa y perdida, el frío penetra sus pies descalzos.

Es Steven  tiene trece años , Esteban y su compañero se acercan a él.

Pregunta por sus padres

No se no los conozco—

Esteban insiste  ¿qué hace usted aquí?

-- No se, dónde estoy—

Una pared pintada con niños jugando, brincando cuerda,  parece el telón de fondo  del  drama de Steven. En San José  1200 niños  viven en cartones, pidiendo limosnas y expuestos a las drogas, el PANI y la municipalidad,  reconoce que los esfuerzos rescatar  a los menores de las calles  son escasos. 


La patrulla retrocede, en el rostro de Román  se invade de dolor , tal vez en Steve ve  sus hijos que están en su casa dormidos.

-- Uno nunca se acostumbra a ver chiquitos en las calles aunque los vea todos los días-- 


Los dos policías buscan por cada  rincón otro hecho sospechoso,  entran a un lugar conocido como La Línea, su olfato los guía  hacia dos hombres.

El callejón es oscuro, Román y Estaban  no están invitados al brindis. Se cae algo al piso es una llave francesa,

-- No me la quite no es nada malo— Román, de cuarenta y tres años, empuja al indigente.

-- Sí, sí con esto aflojas cables, Esteban revise al otro—

Su contextura es gruesa y los botones de su camisa apenas pueden contener su estómago, saca  un cuchillo de cocina de la media del indigente más joven. Esteban toma una bolsa según el puede  haber cable, sacó unas revistas pornografías, con el garrote pasa las páginas, trata de simular que no la vio.

La noche es tranquila, la delincuencia, las riñas,  hoy no salieron a la calles. Estaban y Román  están asustados hoy no hubo acciones peligrosas, la ciudad está protegida en cada cuadra cerca del Molino Rojo se encuentra parejas de policías de la Fuerza Pública.

La seguridad y más policías son dos nuevos invitados a caminar por las calles de San José, ojala  pasean de ser visitas a inquilinos  permanentes   

LA DECISIÓN QUE CAMBIO MI VIDA


Por Rebeca Madrigal Quirós
Estudiante BPE 22 Ulatina

  • Quería ahorrar vida… Y la vida me encontró más rápido de lo que creí. Abandoné el colegio, y en cuestión de meses ya no era la misma.
  •  Ya no es lo mismo-, con esta frase, Marcela define lo que es ahora su vida después de haber desertado la secundaria.  

Con mucha tristeza en sus ojos, pero con esperanza de que la vida le devolviera aquellos momentos, cuenta las diferencias que existen en ella desde que dejó su sétimo año. 

Muy inteligente, sus notas eran buenas. Sus profesores apostaban a su futuro. Nadie dudó de su vehemencia, ni muchos menos de su potencial intelectual; definitivamente su destino le favorecería y sería una gran profesional. 

Era la preferida de los “chiquillos”, su popularidad hizo que más de uno se enloqueciera por ella, pero no era fácil de conquistar. A Marcela siempre le gustó que sus citas fueran espectaculares. 

Un día decidió no volver más, creía que lo mejor era disfrutar su adolescencia, y como confiaba en su intelecto, su decisión no iba a repercutir en un futuro incierto. No fue así, se convirtió en una desertora más.  

  • A pesar que el cole era muy tuanis, nadie era como yo, las fiestas que mis compañeros hacían, eran inmaduras, yo quería crecer y hacer cosas más divertidas como salir con gente mayor.
Con mucha facilidad de adaptación, Marcela ya estaba invitada a las mejores fiestas del puerto; para su felicidad, salía con la gente más experimentada, pero por desgracia sus amigos la llevaron a un lugar equivocado, a la soledad. 

Como ave puesta en libertad, experimentó con drogas, alcohol, tabaco y marihuana; sus nuevos mentores; era una etapa en que la amistad ya no existía, y sus conocidos la marginaban por no compartir sus intereses, como alguna vez ella tampoco compartía con los de ellos. 

  • No solo abandoné mi futuro, renuncié a todo lo que aspiraba ser, tomé el codo de mis mejores maestros, me denigré y mi familia me apartó.
 A pesar de sus malas decisiones, una vieja amiga la recibió en su casa, ella era ahora su única aliada. No solo la hospedó, además le ofreció la oportunidad de volver a estudiar. Y lo intentó, mas su intento fue en vano,  ya había perdido la esperanza del ideal profesional. 

 A un paso del cielo

Alguien apareció. Un adinerado de 30 años, tal y como un día lo pidió. Sintió que renacía, y decidió vivir con él, formar una relación y tener un futuro seguro. 

Parecía un sueño. La mejor ropa, los mejores restaurantes, la mejor vida. Acabaría pronto su juventud: un embarazo no deseado, una criatura que no era lo que esperaba a sus 16 años. 

No todo lo que brilla es oro. Su héroe la abandonó, simplemente ya no era lo mismo, ella no seguiría siendo una jovencita, y la dejó. 

Ahora, Marcela con 21 años lucha por su hija. Volvió a su casa, pero esta vez bajo las imposiciones de su madre. Marcela es subempleada de Puntarenas, trabaja doble tiempo, pero su salario no da basto. Espera sacar bachillerato pronto, y terminar sus asuntos inconclusos a los que una vez renunció. 

Su cara se ve agotada, quizá sea por la preocupación de que un día su hija le juzgue. Se pregunta qué habría sido sino hubiese tomado aquella decisión, la que le cambió la vida. 

En Costa Rica, la deserción secundaria es algo que ha alarmado al gobierno y a las instituciones internacionales. Uno de cada tres estudiantes abandonan el colegio. Los factores son fluctuantes, desde la familia, la economía e inclusive la zona geográfica. En el caso de Marcela no fue más que el erróneo impulso de vivir sin límites y de experimentar lo que la vida en su momento le daría.

AVENTURA DE SUBIDAS Y BAJADAS

 

Por: Wilberth Villalobos Castrillo

Estudiante BPE 22

  

La mañana era perfecta: sábado, cielo despejado, sol moderado y una brisa que refrescaba el calor que por momentos se presentaba en el ambiente.

 

El plan del día era experimentar la emoción de recorrer el dosel del bosque a través del Canopy que cruza amplios sectores de los senderos.

 

El lugar: Canopy Over the Canyon en Curubande pueblo que esta a 10 minutos al norte de la ciudad de Liberia.

 

Llegamos a la recepción del albergue –Nazira (prima) y yo- y de inmediato nos dimos cuenta que además de la opción del canopy existía la posibilidad de recorrer el rió en kayak (rafting).

 

Pagamos la entrada y caminamos hacia la casita en donde se encontraban los guías.

 –Mi nombre es Jorge y el mió es Marvin esperamos que disfruten del recorrido-  Mientras nos equipaban para el viaje nos daban las instrucciones sobre como utilizar el equipo y que cosas debíamos hacer y otras no.

 

Cuando estuvimos listos empezamos a caminar hacia uno de los senderos y ascender por la montaña; no había nadie más ha excepción de nosotros cuatro.

 

Empezamos el recorrido por los cables y mientras viajábamos sobre lo alto del bosque se podía divisar el contraste de colores; el verde claro de las hojas de los árboles se mezclaba con el triste amarillo del pasto de las montañas y más abajo el rió que dividía al bosque y dibujaba el camino y se perdía por tramos entre lo espeso de la vegetación.

 

Así, sucesivamente los nueve cables que conformaban el trayecto nos llenaban cada vez más de emoción; sin embargo, sabíamos que cada vez que terminábamos de transitar por uno se acercaba más el fin del viaje.

 

Conforme avanzábamos se intensificaba el deseo de ir al río y de a travesarlo.

- ¿y como es el rafting?- pregunté.

-  ¡uy el rafting es lo mejor!- contestó Marvin.

 - si, tienen que probarlo no se arrepentirán- asintió Jorge.

-¿Queres ir? le pregunte a Nazira.

-¡Claro! ¡Vamos! hace mucho calor- respondió sin dudar.

 

¡Estaba decidido! haríamos rafting, pasamos entonces de lo más alto de la montaña y bajamos hasta llegar al río Colorado.

 

Antes, llegamos de nuevo a la casita en donde se encontraban los guías y el equipo, esta vez partimos en un pick up hacia la entrada de la finca donde empezaba el recorrido de los rápidos.

 

En esta ocasión nos acompañó una extranjera que vestía un muy lucido traje de baño nosotros pues no andábamos tan preparado pues mi prima usaba jeans y yo aunque andaba en shorts ninguno de los dos llevaba ropa con que cambiarnos.

 

Al llegar a la orilla del río partimos en los kayaks dos en cada uno y con la ayuda del guía que desde atrás maniobraba la pequeña embarcación.

 

El panorama era bellísimo, monos en las ramas de los árboles, el agua cristalina permitía ver el fondo del afluente y la tarde empezaba a caer y varios rayos de sol  atravesaban la superficie del río.

 

Cada vez que pasábamos un rápido Marvin explicaba el nombre:

-Este se llama Miguel por el nombre de un compañero que una vez tuvo problemas con la corriente y se cayó al agua-.

 

Y así sucesivamente navegábamos por cada uno de los rápidos hasta que llegamos a un claro en donde había otros viajeros que a la orilla del río descansaban y parecían observar de la vista de aquel atardecer.

 

-Ahora paramos un rato para descansar- dijo Marvin.

 

Nos bajamos e inmediatamente escuchamos ¡plaaashhhh!... un sonido estruendoso, súbitamente mi mirada y la de la mayoría de los presentes nos volvimos hacia el lugar donde provenía aquel bullicio y nos sorprendimos al ver que era el resultado de un zambullido de uno de los guías quien había saltado de un acantilado de uno 30 metros de altura y había provocado una gran ola de agua y mucha conmoción en el grupo.

 

Terminado el incidente aproveché para lanzarme del acantilado pero de una distancia menor unos 10 metros.

 

Mientras salía a la superficie muchos de los viajeros se preparaban para continuar su viaje, era un grupo compuesto por varios individuos que cuya apariencia y lengua evidenciaba que no eran nacionales.

 

Probablemente pertenecían al grupo de los casi tres millones de turistas que según el Instituto Costarricense de Turismo visitan cada año nuestro país. 

 

Inmediatamente después de su salida partimos nosotros.

 

-Ahora, dijo Marvin, viene lo mejor la catarata, tenés que agarrarte con las dos manos de los mecates que vienen en el bote, me das los remos y aguantas la respiración ¿ok?-

 

-¡Como que catarata! nadie me dijo que había catarata- respondí asustado.

 

Al escuchar el ruido de la caída comprendí que mi destino era inevitable por lo que no tuve otro remedio de entregar mis remos y sujetarme con mi vida a aquel bote.

 

-Ok estoy listo… ¿y si nos volcamos? Pregunte consternado.

-No se preocupe, tengo tiempo que no me vuelco amigo… ¡usted solo agarrese!

 

Bajamos aquella caída de unos 2 metros; yo con el corazón en la mano; mientras Marvin exclamaba con júbilo aquel descenso, sin duda lo disfrutaba.

 

Al final todo salió bien solo que empapados de pie a cabeza y conmocionados por aquella caída casi perpendicular y que sin embargo salimos salvos.

 

Remamos por un rato más y apareció un rotulo “End” que anunciaba el final de nuestra travesía.

  

Esperé por la llegada de Nazira y en ese instante apareció de nuevo aquella extranjera que exclamó

-¡Wow! ¡that was great!-

-Yea, awasone- le respondí.

 

Conversamos un rato luego se despidió y más tarde llegó mi prima y partimos de regreso al albergue.

 

Al llegar los guías nos suministraron paños con los cuales nos secamos el exceso de agua que cargábamos.

 

Esperamos un rato y nos montamos al carro y así dimos final a una aventura que comenzó en las alturas y terminamos abajo empapados.

¿QUE SERÍA CAPAZ DE HACER USTED POR NECESIDAD?

 

Por: Vanessa Chaves Rodríguez

Estudiante BPE 22

 

Me enamoré de un hombre inválido.

 

Según mis padres yo tenía todo para salir adelante. Y en realidad así lo era. Con muchísimo esfuerzo me pagaron mis estudios hasta graduarme. Ahora soy aeromoza. Estudié inglés, alemán y francés. Todo gracias a ellos, mis padres.

 

 Once meses atrás conocí a Marco. Un tipo especial, diferente. Sus ojos me lo decían. Siempre húmedos al punto que parecía llorar, cuando siempre estaba sonriendo. Agradecido con la vida a pesar de su incapacidad. Humilde.

 

María Laura, esta joven de 24 años se enamoró de Marco como nunca antes alguien se ha enamorado. Al menos eso sentía ella.

 

Marco es moreno, de pelo negro y contextura gruesa. Tenía 26 años cuando conocío a Lau, como la llamaba él. Múltiples cicatrices en su cara me hacían sospechar que había tenido pleitos callejeros. Eso me imaginaba yo, pero nunca le pregunte nada.

 

Desde un principio lo valoré mucho. Pero para mis padres más que un inválido, siempre fue un inútil.

---Nosotros no te críamos con tanto esmero para que ya grande te juntaras con un inútil, me decían en cada oportunidad que tenían.

 

Nunca fui desobediente con mis padres. Pero con tal de estar Marco si tuve que discutir con ellos varias veces. Por esto ellos concluyeron que mi rebeldía era culpa de él. Nunca entendieron que era lo primera vez en mi vida que quería algo en serio, y que iba  a luchar por eso sin importar cuanto costara.

 

El día que terminamos parecía un día cualquiera. A las 10:15 de la mañana salí de clases de francés y tome el bus de camino a mi casa. En la siguiente parada se subió Roberto, un amigo muy cercano de Marco. Lo reconocí de inmediato. Quise saludarlo pero yo estaba casi en la última fila del bus y él se sentó adelante, cerca del chofer. Además entró rápido, como distraído. Con él venía otro muchacho.

 

Cuando el resto de las personas en la parada subieron al bus, y este arrancó, ambos se pusieron de pie. ¡Nadie se  mueva! -gritó Roberto- es muy simple, o colaboran o les vuelo la cabeza. Y se río cruelmente, como burlandose de los niños y las señoras asustadas. De inmediato empezó a recolectar billeteras, bolsos y cualquier cosa de valor que viera en los pasajeros. Mientras su compañero con un revolver, amenazaba con matar al chofer del bus si alguien no hacía caso o no daba sus pertenencias rápido. ¡Nos estaban asaltando! Me quedé fría, sorprendida. Pero nunca tuve miedo.

 

Nadie se negó a dar sus cosas. El aire se volvió denso. Se podía respirar el temor en el ambiente.

 

Lo observé con cuidado mientras metía las cosas en un bulto azul. Tenía las manos temblorosas, y juraría que también estaban sudadas, pero mi contacto con él no llegó más allá de un intercambio de unas cuantas palabras frías y agresivas. Casi gritadas.

 

---¿Usted que?, ¿Qué me ve? Me va a decir que le creyó a Marco el cuento del accidente. -Me quede callada- Noooo mamita…. ¡A él le dispararon haciendo esta misma vara!

 

Termino de recoger cosas y salieron del bus. Él por la puerta de atrás y su amigo por la de adelante. 

 

El mundo se me vino abajo, ¿cómo me pudo haber mentido así?

 

Actualmente se reporta un promedio de 15 asaltos diarios en las diferentes rutas de buses públicos del país. Tanto inocentes como asaltantes resultan heridos. Pero, ¿Cuál es el motivo que impulsa a estas personas a arriesgar sus vidas por un poco de dinero?

 

Algunos dicen que se debe a una mala educación, otros a la falta de valores morales. Lo que si es cierto es que el concepto de ellos en la sociedad es solo uno: personas inescrupulosas que no saben de valores ni respeto a la vida humana. Vagos que no estudiaron, y no saben lo que cuestan las cosas.

 

Es la necesidad. Todos ellos tienen familia, algunos hasta hijos. Niños y niñas descalzos, con hambre, deseosos de un hogar digno.

 

Se trata de un problema social y económico muy grande por el cual nuestro país esta pasando. La necesidad impulsa a los mejores hombres a hacer atrocidades inimaginables.

 

Marco y su familia estaban pasado por una situación económica muy difícil, cuando recibió el impacto de bala que lo dejó en una silla de ruedas para siempre.

 

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Ericka

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